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viernes, 11 de abril de 2014

¿Por qué leemos? Memorias de una escritora novata.



¿Por qué leemos? Memorias de una escritora novata.

“Si quieren escribir bien, lean buenos libros…”

Éstas fueron las palabras con las cuales –irónicamente- me inspiré para escribir este pequeño artículo. Y es que no creo ser la única inadaptada que a veces no despega los ojos de un libro –sin contar mi crush con una interminable lista de personajes ficticios- y prefiere leer antes de hacer cualquier otra cosa que parecería mucho más atractiva para otras personas.
A quién no le han preguntado: ¿Por qué lees? Bien, aquí están mis posibles respuestas.
·         Leer te desconecta de la realidad  y te conecta a un universo alterno, del cual eres un completo espectador, sujeto a los deseos del autor y su historia, que se escurre entre tus dedos con cada pasar de hoja. Puedes pensar en otra cosa que no sean los problemas y crisis diarias, y puedes dejar que el tiempo fluya en medio del tráfico. Por lo mencionado antes, leer disminuye el estrés.

·         También reduce considerablemente la posibilidad de tener Alzheimer… ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí.
“Según un estudio publicado en la edición online de la revista Archives of Neurology, los escáneres cerebrales revelaron que aquellos que han realizado este tipo de actividad tienen niveles reducidos de la proteína beta-amiloide, que es la que forma las placas seniles en el cerebro de los pacientes de Alzheimer”.
Creo que cierta Musa de la Caja jamás padecerá de Alzheimer…

·         Además ayuda a mejorar tu ortografía y redacción: Gracias a la lectura podrás solucionar dudas básicas que quizá no te parezcan tan claras en la teoría; el claro ejemplo es saber diferenciar “ahí”, “Ay”, “hay”, y en casos más complejos, tener que recurrir al diccionario porque simplemente el autor usa una palabra que no comprendemos. Sin mencionar todos los conocimientos que puede dejarnos un buen libro, no sólo gramaticalmente hablando.


Por último pero no menos importante: Leer inspira. Y si eres un escritor novata como yo, la lectura es un vehículo mediante el cual puedes acercarte a diversos autores, estilos, ambientaciones y tiempo, y escribir, escribir… porque a veces “echando a perder se aprende”. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Memorias de una Lectora Promiscua.

Memorias de una Lectora Promiscua.


Pasos a seguir para ser un buen Lector Promiscuo.

1.      Adquirir un libro de su interés (prestado, comprado, en línea, da igual), y empezarlo cuanto antes.
2.      Comenzar a leerlo en todas partes, el transporte público, antes de dormir, durante la comida, mientras evade usted las responsabilidades, etc.
3.     Enamorarse de otro libro (amor a primera vista, amor “lo vi en barata” amor “lo bajé gratis” amor “me adoran y me lo regalaron”.
4.      Ya que ha repetido usted el paso uno, continúe con los siguientes pasos de la lista.

promiscuo, cua.
(Del lat. promiscŭus).
1. adj. Mezclado confusa o indiferentemente.
 (Cf. RAE).

Soy una mezcla de libros, eso es lo que soy. Si contara todos los libros que he empezado y que me observan con rencor desde mi librero, seguramente sería asesinada por un sinfín de literatura despreciada. No es algo que controle, mucho menos algo que desee, simplemente pasa, un libro llega a mis manos y no puedo parar hasta terminarlo -y en algunos casos así es-, pero en otros, un libro salvaje aparece y repito los pasos ya citados antes.

¿Por qué simplemente no los termino antes de empezar uno nuevo? Simple, la mayoría de los casos no quiero acabarlos, no estoy de humor para terminar ese libro en particular, tengo carga académica y falta de tiempo, por  mencionar algunas razones.

Quiero saber cómo terminan y a la vez no –por maniático que se lea- y  es que no hay nada peor que no saber qué será de tu vida una vez que lo termines, o que tengas que esperar a que salga el siguiente. Sí, la vida sigue… ¿pero mientras, qué?

Otra razón por la que a veces no los termino es porque  no son de mi total agrado. Sí, lamento decirlo, pero hay cosas que simplemente no merecen ser leídas, es decir, cada quien elige qué leer y de qué abstenerse.
Si me dieran una moneda cada vez que me da cruda literaria, seguramente podría pagar los libros que veo con tristeza desde afuera de la librería. Sí, otra razón por la que no los termino es por la bien llamada “cruda literaria”. Tristeza, ansiedad, nihilismo absoluto, es como ver La tumba de las luciérnagas y querer aventarte desde lo alto de un edificio. O como diría José Alfredo Jiménez “la vida no vale nada”. Y no escribo todo esto porque me esté justificando, simplemente quien se haya hecho bolita después de terminar un libro y no haya querido salir de su posición fetal durante un tiempo, me comprenderá.

Creo que debería de empezar a hablar de las ventajas de ser un Lector Promiscuo, porque sí, sí las hay.
Existe toda una gama de universos, personajes, épocas, sentimientos, lugares. Es como darte una zambullida en Sicilia y salir en Eretz y contemplar a los ángeles. Leer varios libros a la vez te aleja de toda preocupación o problema, y al menos por unos instantes, puedes volar sin alas y caer sin que te duela.

Pero la advertencia que compete a todo Lector Promiscuo: Pon atención –verdadera atención- a lo que lees.  No vaya a ser que comiences a fusionar historias –y sí, los crossover son interesantes, en la mayoría de los casos- pero puede pasar que después ni siquiera puedas recordar el nombre del personaje principal.


Y ahora, mientras divago entre mafia y vampirismo, puedo declararme maniática, obsesionada, ansiosa por tener más tiempo para leer…Lectora Promiscua.

sábado, 1 de marzo de 2014

Poemas


Autor: H.P Lovecraft.
Editorial:  Andrómeda.

“Que repose mi espíritu en medio del pasado”. -H.P.L
Una agridulce coincidencia, eso fue mi experiencia en la poesía de Lovecraft.

Lovecraft como un gran exponente de la literatura fantástica y de horror, también posee una vena poética, sensible, cargada de nostalgia, dolida por tiempos que no volverán. Muchos de sus poemas elevan al lector hacia lo más alto, hasta su experiencia más feliz y sublime, para posteriormente, dejarlo caer sobre la realidad, impactándolo en el desasosiego.
Algunos otros, por el contrario, poseen mucha tradición clásica, esa añoranza al paganismo, a los dioses griegos, a las preces, a la mitología, a los dioses que ya parecen olvidados por aquél que pereció en la cruz.
Son sueños monstruosos, entes que se ríen, provenientes del abismo, ciudades devastadas, personas que ya no están, no hay amor pasional en la poesía de Lovecraft, sólo hay olvido, sólo hay despertar.
Este libro es una versión bilingüe, lo que permite al lector darse una zambullida en el idioma en el que el poeta escribió, permitiéndose saborear los versos, de ese inglés que a veces resulta complejo, como Lovecraft por sí mismo.

La recomendación de este sábado es una poesía diferente, porque es un enfoque distinto de este autor de horror.
—Monz.